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«La mayoría de quienes se niegan a donar es por falta de información»

El centro acaba de realizar su primera donación en parada cardíaca, una nueva vía para aumentar la captación de órganos. Entrevista a Domingo Daga, Coordinador de trasplantes del Hospital Clínico
Domingo Daga junto con Margarita Carballo, son coordinadores de la Unidad

El Hospital Clínico Universitario se ha ganado con el paso de los años un puesto destacado a nivel regional y nacional en captación de donantes de órganos y tejidos. En 2011 se contabilizaron 35, muy por encima de la media general del país. Ahora, sus profesionales han ido un paso más allá con la primera donación procedente de una parada cardíaca, una técnica alternativa para compensar la bajada de donante por la vía habitual (muerte cerebral) por el descenso de la siniestralidad en las carreteras.

Domingo Daga lleva doce años como coordinador de trasplantes, un tiempo en el que ha constatado que la mayoría de personas que se niegan a donar es por falta de información mientras hay enfermos que fallecen porque el órgano no les llega a tiempo. Pese a ello, reconoce que en muchas ocasiones no puede reprimir las lágrimas cuando llega el momento de pedir los órganos de un ser querido que acaba de morir.

El Clínico no puede realizar trasplantes, pero vuelve a ser, una vez más, un referente en donaciones. ¿Cómo se consigue?

  • En este hospital tenemos un nivel de donaciones extraordinario pese a no disponer de unidad de neurocirugía, de forma que no nos llegan víctimas de accidentes con traumas craneoencefálicos o pacientes con patologías que potencialmente pueden evolucionar a una muerte cerebral. Esto lo suplimos redoblando los esfuerzos en la detección y con la implicación de todos los profesionales, de forma que aquí no se nos escapa ningún donante potencial.

España es líder mundial en en este campo. ¿Es que somos los más solidarios o hay otros factores?

  • La sociedad está muy concienciada, pero además también contribuye que tengamos un sistema sanitario universal y público que nos ofrece a todos las mismas posibilidades para recibir un órgano independientemente de su renta económica.

El problema es que la demanda sigue siendo mayor que la oferta.

  • Es cierto que hay muchos donantes, pero sigue habiendo lista de espera y el 10% acaba muriendo porque no les llega el órgano. La cuestión es que en España, la fuente histórica de donantes ha sido la muerte cerebral; es decir, pacientes que fallecen en el hospital pero que con ventilación mecánica y otros tratamientos sus órganos siguen funcionando, aunque su encefalograma es plano. A esto se une que las muertes cerebrales van a menos por los avances médicos y por la reducción de los accidentes de tráfico, por lo que debemos buscar otras vías.

¿Ahí es donde se enmarca la captación del primer donante procedente de una parada cardíaca?

  • Es una fórmula para aumentar el número de donantes que en Málaga ya se realizó el año pasado en Carlos Haya y que ahora hemos hecho aquí. Se trata de pacientes que fallecen en la UVI por una parada y, tras intentar la reanimación y certificar su muerte, activamos el sistema para preservar los órganos enfriándolos con catéteres y en dos o tres horas están trasplantados. Para ello, la coordinación y los tiempos son vitales.

¿Cómo es el procedimiento?

  • En este caso concreto, se trataba de un paciente con un problema neurológico que cayó en un coma profundo. No había posibilidad de salir, así que se le explicó a la familia que su fallecimiento era cuestión de tiempo y que lo más razonable era ahorrarle el sufrimiento. Una vez que quedó claro, se inició la limitación de tratamiento de soporte vital, y sólo entonces es cuando aparece el coordinador de trasplantes para plantear la donación. Si se da el consentimiento, se espera el tiempo que haga falta y, en cuanto el corazón se para y se certifica la muerte, entonces se actúa. Quiero dejar claro que únicamente nos centramos en proporcionar al paciente una muerte lo más digna posible y que, solo después, es cuando se activa a el protocolo.

Pero para una persona siempre es difícil resignarse a ver morir a un ser querido.

  • Este procedimiento está muy desarrollado en los países anglosajones porque son muy pragmáticos. En cambio, los latinos entendemos la muerte de otra forma. Hay gente que sigue pensando que los médicos estamos para curar, y es así; estamos para curar si se puede; si no, estamos para facilitar una muerte digna. Yo me siento tan cómodo cuando contribuyo a que una persona se salve como cuando ayudo a otra a morir dignamente porque no se puede hacer nada más por ella.

Al margen de la donación en parada, ¿trabajan en otras vías?

  • Aquí también hemos explorado la donación exclusiva de tejidos, que se aplica en fallecidos cuyos órganos no funcionan, pero sí los tejidos como las córneas, los huesos, los segmentos vasculares o la piel, que aguantan hasta 12 horas en buen estado. En este hospital tenemos el mayor nivel de donantes de tejidos exclusivos de Andalucía y en España estamos entre los primeros.

¿Y la donación de vivos?

  • Es otra alternativa que hay que fomentar. Evidentemente no todos los órganos se pueden donar, pero sí un riñón o una parte del hígado. En estos casos, es fundamental que el médico plantee al paciente la posibilidad de que alguien de su entorno puede ayudarle en el mismo momento en que pasa a lista de espera.

¿Cuál es el mecanismo?

  • Hay que decirlo ante un juez comprometiéndose a no recibir nada a cambio. En China o la India se comercializan los órganos, pero aquí es ilegal, al igual que hacer campañas para pedir órganos para una persona concreta porque eso no es solidario ni equitativo, y este sistema se mantiene precisamente por ser solidario y justo. Aquí no se trasplanta al rico, sino al que lo necesita.

¿Qué papel juegan los familiares?

  • La ley española, que es muy antigua (data de 1979) pero a la vez tremendamente moderna, dice que todos los españoles somos donantes salvo que se demuestre lo contrario, pero en la práctica nunca se ha llevado a cabo; siempre hemos preguntado a la familia cuál era el deseo del fallecido y, si no, directamente que la familia decida.

¿Ahí es donde aparece la figura del coordinador?

  • Lo primero es ayudar a la familia en un trance tan duro y en ese proceso para asumir la pérdida, uno le va exponiendo la posibilidad de donar, primero porque pueden ayudar a otras personas, pero también porque este gesto les puede ser tremendamente útil desde el punto de vista emocional porque saben que hay personas que viven gracias a su ser querido.

Negativas

¿Hay muchas negativas?

  • El porcentaje de negativas en España es del 15%, aunque en este hospital solemos estar debajo del 10. Cada vez hay más conciencia y la mayoría dice directamente que sí, aunque también hay muchos que inicialmente se oponen por falta de información y que tras hablar con nosotros cambian de opinión. Hay gente que piensa que el cadáver se va a destrozar, cuando la realidad es que tras la extracción se reconstruye el cuerpo para que se pueda velar porque nosotros somos los primeros interesados en que quede íntegro.

¿Hay que estar hecho de otra pasta para plantear esta situación a la familia?

  • La parte más importante del coordinador es la empatía. No todo el mundo vale para todo y para ser coordinador de trasplantes hay que servir y, sobre todo, creerte que lo que haces es bueno. Yo tengo la certeza de que con la donación ayudo a las familias, pero antes de llegar a ese punto les ayudo en lo que necesiten, ya sea dándole un pañuelo o llevándole una tila. Son cuestiones que parecen nimias pero alguien tiene que estar ahí para entender su dolor, compadecerles y explicárselo todo de una forma clara, sin tecnicismos. Todo ese proceso es el que conduce a que una familia con dudas diga que sí.

Ese momento debe de ser duro.

  • A mí se me han saltado las lágrimas muchas veces; uno no es de piedra. Cuando a unos padres le estás pidiendo los órganos de su hijo es muy duro. Uno se tiene que implicar y eso te deja muchas cicatrices, pero sabes que estás ayudando a la gente. Tenemos que asumir ese rol de intermediario entre la familia que ha sufrido la pérdida con la que está esperando a un donante, así que intentamos hacerles ver la bondad de ese gesto, lo enormemente útil que es para otras personas y que espiritualmente les va a venir bien para superar la pérdida. Nadie se arrepiente de haber donado los órganos de un familiar, pero sí que ha habido casos de personas que dijeron que no y luego volvieron para decir que sí, aunque ya era demasiado tarde.
Fuente:
«La mayoría de quienes se niegan a donar es por falta de información» (Diario Sur)