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El Clínico cumple veinte años

El hospital se inauguró con muchas carencias, ha pasado por etapas muy convulsas y ahora, tras convertirse en referente nacional en varios servicios, afronta su mayor transformación
Visita Inaugural: Rejón, Martín Delgado y Rodríguez de la Borbolla

Parecía un sábado como otro cualquiera de la primavera malagueña cuando ocho ambulancias, escoltadas por la Policía Local, trasladaron a los primeros enfermos (44 en total). La comitiva partió del Hospital Civil y llegó al nuevo centro hospitalario.

Con siete años de retraso sobre la fecha prevista, tras superar diversos inconvenientes, en un enclave muy alejado del Centro de la ciudad, rodeado de olivos, higueras, matojos y cañaverales, en las inmediaciones de Teatinos y próximo a la Colonia de Santa Inés, comenzó a funcionar el Hospital Clínico Universitario. Era el 29 de abril de 1989.

Cuatro días después empezaron a realizarse las primeras operaciones. No había hecho más que dar unos pasos y el centro ya tenía una lista de espera quirúrgica de 1.200 pacientes. El arranque del hospital fue complicado. Los recursos con que se le dotó fueron insuficientes. Además, en la convivencia entre el personal procedente del Civil y el adscrito a la Facultad de Medicina hubo roces que enturbiaron las relaciones. Aparte de esas fricciones, el problema principal fue que el Clínico necesitaba dinero de inmediato para paliar sus deficiencias. El gerente del centro, Gonzalo Cisneros, cifró en 200 millones de pesetas el montante imprescindible.

La petición de Cisneros no cayó en saco roto. El 22 de junio (mañana se cumplen veinte años), en el acto de inauguración oficial del Clínico, el consejero de Salud, Eduardo Rejón, anunció que el SAS había aprobado un plan extraordinario -dotado con 200 millones- con el que subsanar la escasez de medios. La visita a las instalaciones contó con la presencia del presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla. Se descubrió una placa conmemorativa y Borbolla entregó al presidente de la Diputación Provincial, Antonio Maldonado, la medalla de oro de Andalucía, galardón con el que se premió la labor desarrollada en Málaga por el Hospital Civil durante más de cien años. No todo fueron parabienes y sonrisas en el acto protocolario de la inauguración. Representantes de los cinco sindicatos del hospital se reunieron con el presidente de la Junta y le expusieron las dificultades del centro.

Estado de agitación

Con el paso de los años, esas carencias no terminaron de superarse. Eso hizo que el Clínico permaneciese en un estado de agitación que le impedía alcanzar la armonía interna. Dos eran los obstáculos principales que minaban la moral de los profesionales y complicaban el avance del Universitario. Por un lado, el SAS no invertía convenientemente en el hospital, que debía sacar adelante su cada vez mayor actividad con muchos menos medios de los necesarios. Por otro, las rivalidades y falta de sintonía entre miembros de un mismo servicio acentuaban la crispación. Eran compañeros, pero tenían formas diferentes de entender el trabajo. Unos provenían del Hospital Civil y otros eran profesores o catedráticos de la Facultad de Medicina.

A lo largo de estas dos décadas el hospital ha contado con siete gerentes. El primero fue el mencionado Gonzalo Cisneros, que se encargó de los trámites del traslado del Civil al Clínico Universitario y de gobernarlo los primeros años. Fue sustituido por José Miguel Laín, que potenció algunos servicios y trató de dinamizar el hospital. Con la llegada de Diego Pedrosa, el Clínico vivió su etapa más convulsa. Pedrosa encrespó al personal y se granjeó la enemistad de la mayoría de los médicos. La situación llegó a tal grado de enfrentamiento que Pedrosa presentó la dimisión en enero de 2000. Fue suplido por Fernando Terol, que estuvo en el cargo menos de año y medio, tiempo que dedicó a tranquilizar los ánimos.

Nicolás Rodríguez asumió la gerencia en junio de 2001. Tres años permaneció en el puesto. En mayo de 2004, Antonio Pérez Rielo tomó las riendas del hospital. Su periplo fue exitoso y logró, además de serenar la marejada que desestabilizaba con frecuencia al centro, un mayor compromiso de la Consejería de Salud y del SAS para destinar dinero con el que llevar a cabo una gran reforma en el edificio. Pérez Rielo se marchó en mayo de 2008 para ocupar la gerencia de Carlos Haya; en su lugar se nombró a José Manuel Martín Vázquez, que tiene la misión de culminar la más grande transformación y mejora del Clínico en sus veinte años de vida.

En estas dos últimas décadas la sanidad ha experimentado importantes avances en diversos aspectos. El Clínico en 1989 era una mezcla de profesores de la Facultad de Medicina, con muchos conocimientos teóricos y científicos, pero no muy acostumbrados a ver pacientes, y de médicos con una intensa experiencia asistencial, aunque poco dados a la investigación y la formación. Esa diferencia ya no existe. El Clínico Universitario, que nació como un hospital de segundo nivel, con una infraestructura deficitaria y muchos parches, ha ido consolidándose, ganando peso en el contexto hospitalario andaluz y nacional, aumentando su volumen de investigaciones, ampliando su cartera de servicios, creando unidades clínicas de gestión, recibiendo modernos equipos para hacer diagnósticos más precisos y estrechando sus nexos con la Universidad.

Servicios punteros

La unidad de gestión clínica del corazón (aglutina las unidades de arritmias y hemodinámica, la cirugía cardiaca y la cardiología), el servicio de oncología médica y radioterápica y el de endocrinología son referentes nacionales en sus especialidades. Los tres, además de ejercer la actividad asistencial, tienen labores de formación de otros hospitales y desarrollan una prolífica tarea de investigación.

El Clínico cuenta con una plantilla de 4.000 trabajadores y dispone de 717 camas. Para consolidar las mejoras, Salud ha comprometido 15 millones de euros para la reforma de la torre A del hospital. La primera fase de esas obras acabarán a mediados de septiembre, fecha para la que está previsto que estén listos el patio de consultas, la primera planta, dedicada a pruebas funcionales, y la tercera planta. El conjunto de los trabajos debe concluir a finales de 2010.

Fuente:
Diario Sur (Ángel Escalera)