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El Clínico repara la válvula aórtica sin abrir al paciente

La técnica se usa en los enfermos que no resistirían una intervención a corazón abierto y para los que no había solución. Entran desde la ingle o desde debajo de la clavícula
José María Hernández

La Medicina avanza porque hay profesionales que para cada problema buscan una solución. Hasta hace tres años, para cambiar la válvula aórtica a un paciente había que ponerle anestesia general, hacerle una raja de unos 20 centímetros en el pecho y pararle el corazón.

Los enfermos más frágiles que no podían soportar una operación tan compleja no tenían alternativa vivían mientras su cuerpo aguantaba. Los cardiólogos de Hemodinámica del Hospital Clínico se formaron y aportaron una solución para este grupo de pacientes: una técnica para cambiar la válvula aórtica sin operación. Consistía en entrar con un catéter desde la ingle por la arteria femoral hasta llegar al corazón para reparar la lesión. La técnica comenzó a utilizarse en abril de 2008 en el hospital malagueño. De hecho, el Clínico fue pionero en Andalucía en incorporarla.

Surgió entonces un nuevo problema. Había pacientes frágiles que no podían operarse a corazón abierto, pero que por obstrucciones o rigidez de la femoral tampoco podían beneficiarse de la nueva técnica. Los especialistas buscaron entonces otra forma de meterse en el cuerpo. Comenzaron así a entrar por la arteria radial a través de una pequeña incisión por debajo de la clavícula. Esta segunda técnica se empezó a utilizar en junio del año 2008. Desde aquel año, la Unidad de Hemodinámica del Clínico ha reparado 165 válvulas aórticas viajando a través de las arterias; 145 desde la ingle y veinte desde la clavícula. Con ambas técnicas se han sumado grupos de pacientes que antes no tenían solución quirúrgica. No se han quitado pacientes a la cirugía de corazón abierto, sino que se ha abierto una opción para enfermos que hasta 2008 carecían de alternativa.

El responsable de Hemodinámica del Clínico, José María Hernández, precisa que la media de edad de los pacientes candidatos a estas técnicas es de 80 años. "Tratamos a personas muy mayores con contraindicaciones de cirugía", indica. El 20% son además obesos mórbidos. Las válvulas del corazón son como compuertas que regulan el paso de la sangre. Si fallan puede producirse asfixia, pérdida de conciencia, opresión en el pecho y hasta la muerte. Y debido al envejecimiento de la población, cada vez hay más pacientes con fallos valvulares. Acceder al corazón a través de las arterias -sea por la femoral o la radial- evita al paciente la anestesia general, la incisión en el esternón y la circulación extracorpórea, ya que en la operación a corazón abierto como este órgano se para, la sangre tiene que pasar a través de una máquina. La válvula que se coloca con esta técnica está hecha de una aleación metálica y no tiene más de seis milímetros de diámetro.

Se mete con un catéter por la ingle o por debajo de la clavícula a través de las arterias. Cuando llega al corazón -algo que los médicos ven por un líquido de contraste y rayos X-, se retira una funda que la mantiene fría. Al entrar en contacto con el calor del cuerpo se expande como si fuera un paraguas y reemplaza a la válvula enferma. Hernández destaca que la técnica es posible gracias al trabajo multidisciplinar de enfermeros, anestesistas, cardiólogos y cirujanos cardiovasculares. Una colaboración de la que se benefician los pacientes.

Fuente:
Diario Málaga Hoy (Leonor García)