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MALAGA INVESTIGA Un chip que detecta alergia a los antibióticos en 24 horas

María José Torres Alergóloga y vicedirectora científica del IBIMA. Esta especialista del hospital Carlos Haya investiga sobre un método que reduzca las pruebas a un simple análisis de sangre del paciente
María José Torres Jaén, alergóloga y vicedirectora científica del IBIMA

Posibilitar el diagnóstico de una alergia a antibióticos en sólo 24 horas y con un simple análisis de sangre. Es el objetivo del grupo de investigación del que forma parte la alergóloga malagueña María José Torres y que lleva varios años trabajando en el desarrollo de un chip que permita acelerar el procedimiento para detectar si un paciente no tolera determinadas sustancias, fundamentalmente penicilinas. En la actualidad es necesario al menos una consulta previa con el especialista y que el usuario acuda dos mañanas completas al centro hospitalario para someterse a diversas pruebas cutáneas y administrarle los fármacos correspondientes.

«Esto convencida de que va a ser un avance enorme para el diagnóstico del paciente y un ahorro tremendo para el sistema sanitario», defiende esta especialista de la Unidad de Alergología del Hospital Carlos Haya, que compatibiliza su labor asistencial e investigadora con la docencia como profesora asociada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga (UMA). Además, es vicedirectora científica del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y el pasado año se convirtió en la primera española que preside el Comité de Alergia a Medicamentos de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica.

Siendo muy joven se le despertó el interés por la alergología de la mano de un profesor que hoy es el jefe del Servicio de Alergología del Carlos Haya, Miguel Blanca. «Empecé a trabajar con él y fue encaminándome muy pronto hacia la investigación », recuerda. Decidió especializarse en alergias porque «quería hacer algo que tuviera relación con el paciente y donde hubiera un campo importante de investigación en el laboratorio, y esta era una especialidad muy novedosa donde prácticamente estaba todo por hacer y en la que hay mucho por investigar ya que es una enfermedad que está más prevalente y en aumento», cuenta Torres, que explica que «cada vez hay más personas alérgicas y personas alérgicas a más cosas». Sobre las causas, afirma que «no está claro por qué ocurre esto, pero parece que tiene que ver con la forma de vida moderna, que nos lleva a un ambiente mucho más higiénico»

Por eso es fundamental avanzar en el diagnóstico, algo en lo que esta médico lleva años trabajando dentro de la Red Nacional para el Estudio de las Reacciones Adversas a Alérgenos y Fármacos, del Instituto de Salud Carlos III (RIRAAF), en la que participan alergólogos e investigadores de centros de toda España y que coordina Blanca desde Málaga. En su labor investigadora, Torres se ha centrado en el estudio de alergias a antibióticos, principalmente los betalactámicos, y actualmente su línea fundamental es el desarrollo de unas placas pequeñas que permitan diagnosticar al paciente con una analítica de sangre y en solo 24 horas.

De aquí a un año pretenden tener montado ese chip, que se lee en un lector, y que supondría una revolución para este tipo de estudios. En el caso de una epidemia, por ejemplo, acelerar el diagnóstico podría ser vital para determinadas personas.

Pionera en Europa

«Es muy importante saber si alguien alérgico o no a un antibiótico porque hay pocos, hay resistencias bacterianas y las penicilinas son muy útiles hoy día», explica esta especialista, que advierte de que el 90% de los niños y el 80% de los adultos que piensan que son alérgicos sin haberse hecho una prueba no lo son.

Conocer los mecanismos implicados en las alergias a medicamentos para mejorar el diagnóstico y el tratamiento es el objetivo primordial del trabajo de Torres, que combina la labor docente con la asistencial y la investigadora, tres vertientes sobre las que «es imposible elegir una». «Si ves a un paciente y te surge una pregunta y la solución no está escrita en los libros ya estás haciendo investigación; y si tienes a un residente al lado al que estás formando, estás haciendo docencia », argumenta. A su entender, «en la práctica clínica habitual de cualquier médico es prácticamente imposible diferenciar una faceta de la otra».

Afirma que no entiende la investigación sin la labor asistencial y que ser investigador «te hace mejor médico» porque «continuamente se está haciendo preguntas y eso siempre va a a redundar en que el diagnóstico, el tratamiento y el trato que va a recibir el paciente sea mejor». «Lo que no quiere decir que un médico que no haga investigación no sea bueno», puntualiza.

Casada y con dos hijos, alarga la jornada laboral para atender todas sus responsabilidades. Además de la consulta en Carlos Haya y el trabajo en el grupo de investigación y las clases en la Facultad de Medicina, es vicedirectora científica del IBIMA y desde mayo del año pasado preside el Comité de Alergia a Medicamentos de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica, un puesto al que no le ha sido fácil llegar. «A pesar de tener el currículum más potente, ha costado más por el hecho de ser mujer y del sur». Pero pudieron más su trayectoria y experiencia.

Fuente:
Diario Sur