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"Rezo y digo: Dios mío, que sea mi último día"

"Cuando me dio la hemiplejia pesaba 59 kilos; de tanta cortisona y la neumonía, se me ha hinchado la cara, estoy como un globo, pero además las piernas, no tengo piernas de gorda, ni brazos, estoy como un pavo trufado. Que ahora te vas tú, que hasta las nueve y media no viene la señora, que a mí, por ejemplo, se me ocurre coger algo de encima de la mesa y no pueda, que no pueda ponerme de pie sola, que necesito ayuda, que no puedo ir al baño".
"Rezo y digo: Dios mío, que sea mi último día"

La que habla es María, una mujer malagueña de 86 años; la que escucha, Marina, su enfermera durante tres años. María no puede hacer casi nada por sí misma. Sufrió un un accidente cardiovascular, con complicaciones respiratorias, que le atan a una botella de oxígeno 12 horas al día, como mínimo, desde hace 10 años.

"Lo que me aterra es el dolor"

La conversación entre la paciente y la enfermera forma parte de un estudio cualitativo impulsado por el proyecto Innova del Servicio Andaluz de Salud, publicado en la revista de enfermería Index. A María no le da miedo la muerte, pero sí el dolor. Por eso llamó a Marina, para que le ayudara a poner por escrito cómo y dónde desea irse de este mundo.

"Una muerte digna es una muerte en la que te dejen tranquila; si es necesario estar sedada, pues estaré sedada. Que no me doy cuenta de las cosas, pues bueno, si dentro de media hora no me voy a dar cuenta de nada, qué más me da. Me aterra el dolor pero la muerte no me da miedo, el infierno esta aquí, y la muerte es un descanso maravilloso".

María no quiere más ingresos, ni más pruebas, ni más pinchazos en las venas. Sus manos están moradas: "Yo prefiero morirme antes que pasar... ¿sabes lo que duele?". Está sola. No tiene hijos. Está cansada. ¿Eutanasia? "Yo si hubiera un plebiscito para que se votara a favor o en contra de la eutanasia votaría a favor, para quien quiera. Si a mí me veis que ya no sirvo para nada, todo lo que se van a gastar en mí para reanimarme, en intentar curarme, que a lo mejor no voy a tener arreglo, le va a hacer falta para otra pobre chica que sea más joven y que le haga más falta que yo", dice.

Sus palabras demuestran que la fe no es incompatible con el derecho a morir dignamente. María, que se define como "muy católica y creyente", estudió en un colegio de monjas: "Yo morir en un hospital, nunca, eso es muy frío, y luego la losa abajo. No, de eso nada, aquí en mi casa. Me encantaría, y rezo todas las noches para que así sea. Siempre digo: Dios mío, que sea el último".

"La voluntad del paciente es lo primero"

Marina, enfermera, lamenta que se olvide preguntar a quien sufre en la cama.

Marina Gómez, la enfermera, está de acuerdo con María, con el derecho a la muerte digna, con el derecho a no alargar la vida cuando la agonía es más fuerte... Pero va más allá. "Somos los profesionales los que tenemos que inculcar que hay que morir dignamente, no podemos permitir que la gente muera llena de tubos; tenemos que cambiar y anteponer la voluntad del paciente a la del profesional", asevera.

Marina trabaja en Urgencias del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, en Málaga. Muchos de los pacientes que llegan allí -la mayoría ancianos- ven en el hospital su salvavidas. "Pero luego quieren irse, no quieren estar solos, rodeados de máquinas, no quieren sufrir", explica. A veces, es demasiado tarde: "Olvidamos preguntar qué quiere a quien está en la cama sufriendo".

Sabe que es duro y, por eso, casi todos los familiares optan por alargar la vida artificialmente, aun sabiendo que ya no hay nada que hacer. "Por eso recomiendo el testamento vital, para poder decidir en plenas facultades mentales".

El mayor problema, según Marina, es que la sociedad y los propios profesionales no han asimilado aún que la muerte es parte de la vida. "Y por eso se tergiversó el caso de Leganés", añade.

Sobre la eutanasia, Marina también coincide con la opinión de María: "Uno puede tener sus creencias, pero es una decisión de cada uno, y el profesional debe respetarlo".

Fuente:
Diario Público (Olivia Carballar)
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