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Estos enfermos saben muy bien qué es vivir en el infierno

Entre el 1 y el 3% de la población sufre trastornos de alimentación. El 95% son mujeres. Carlos Haya trató en 2005 tres casos de menores de 13 años
Madres afectadas. Victoria y Eulalia hablan de sus hijas

La hija de Victoria tenía 16 años cuando le diagnosticaron anorexia. C.G.P. era una adolescente estudiosa, media casi un metro ochenta, pesaba unos 60 kilos, era la mayor de tres hermanos y tenía una familia feliz dentro de una familia cariñosa y estructurada.

Sin embargo, cayó en el "infierno" de la anorexia sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. "Estos enfermos dicen que ellos saben muy bien qué es vivir en el infierno y yo añado que, entonces, sus familias han visitado de cerca el purgatorio", afirma Victoria.

Cuando su peso cayó por debajo de los 50 kilos, la amenaza de un ingreso hospitalario la hizo reaccionar. "Todos pensamos: `Está curada´. Empezó a coger peso, pero pasó de la anorexia a la bulimia", cuenta la madre. "El problema de fondo seguía en su cabeza", explica Victoria.

C.G.P. tiene ahora 22 años y su madre puede atreverse a decir que "está saliendo de esta". "Lo más triste es quizás que pierdes la confianza en tu hijo y, por mucho que las cosas vayan bien, nunca vuelven a ser iguales", dice.

El perfil

Victoria asegura que ella fue "afortunada" porque detectó relativamente pronto lo que le ocurría a su hija gracias a su profesión sanitaria. Sin embargo, reconoce que jamás pensó que algo así pudiera ocurrirle. En aquellos días no sabía que esta enfermedad la sufre entre el 1 y el 3% de la población española, ni que la tasa de anorexia se ha duplicado en nuestro país en los últimos 30 años o que la de bulimia se ha quintuplicado. Tampoco era consciente de que esta es una enfermedad "feminizada", pues el 95% de los casos detectados los sufren niñas, ni estaba al tanto de que la edad a la que se manifiesta la anorexia está descendiendo notablemente. De hecho, Carlos Haya trató el pasado año a tres niños menores de 13 años con trastornos alimentarios.

Victoria ignora qué impulsó a su hija a esa situación, sólo piensa en que tiene que luchar con ella para salir adelante. "Supongo que creen que pueden controlarlo, empiezan un dieta para bajar unos kilos y siguen hasta que la situación las sobrepasa", cuenta.

Fue su propia hija la que le pidió ayuda cuando se percató de que nada en su vida iba bien y ella se apresuró a ayudarla. "El tratamiento integral es muy importante, es lo que está recibiendo ahora en el Hospital Marítimo (dependiente del Clínico) y le va muy bien. En especial la medicación psiquiátrica se revela muy útil para ayudar a estas niñas a dejar la depresión donde caen, pero hacen falta camas de ingreso específicas y muchas cosas más", dice esta madre.

Junto a Victoria está Eulalia que asiente a lo que ésta dice. Es madre de una hija de 24 años, S.C.R., que sufre bulimia desde los 23. Fue la irritabilidad de su hija -una joven esbelta de estatura media- y su aislamiento lo que la puso sobre aviso, pero cuando su hija le pidió ayuda esta madre de cuatro hijos se vio en una tesitura que jamás creyó que pudiera vivir: "El médico de familia no quería quería hacerle análisis porque la veía bien de aspecto. Tampoco quería enviarla al ginecólogo cuando se le retiró el período... Me vi impotente y perdida hasta que encontré un psiquiatra privado con el que mi hija ha conectado, me aconsejó sobre cómo ayudarla y la está ayudando a ella a salir adelante", cuenta.

El esfuerzo económico para pagar el tratamiento es duro, pero ver mejorar a su hija "no tiene precio". Eulalia ha reorganizado toda la vida en casa para ayudar a su hija que mejora poco a poco aunque aún necesita que le controle la dieta. Aún está algo baja de peso, pero Eulalia cruza los dedos, sonríe y cuenta que se siente feliz porque ha aprobado una asignatura de la carrera que se le resistía y "tiene ganas de luchar".

Fuente:
Diario La Opinión de Málaga (Carmen L. Cueto)
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