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MAL

MÁLAGA INVESTIGA «Mejorar la salud de la población es mi recompensa y motivación»

Maribel Lucena, catedrática de la UMA y directora científica del IBIMA, asegura que la sensación al obtener resultados positivos en investigación «es lo que te engancha para toda la vida»
Maria Isable Lucena Gónzalez, responsable del servicio de Farmacología Clínica

Dice que docencia, asistencia e investigación forman «un todo armónico». Y ella sabe combinar con éxito estas tres facetas de la medicina. Robándole horas al reloj la malagueña Maribel Lucena compagina su trabajo como profesora en la Universidad de Málaga (UMA) con el que realiza como responsable del servicio de Farmacología Clínica del Hospital Universitario Virgen de la Victoria y con la dirección médica del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA). Además, desde 1994 coordina un grupo de investigación sobre toxicidad hepática de los fármacos, campo en el que se ha especializado y que le ha valido varios reconocimientos.

Quién se lo iba a decir a esta catedrática de la UMA que confiesa que durante la carrera le daba «miedo» la farmacología. «Temía prescribir un fármaco y que provocara problemas», apunta. Pero precisamente este temor la llevó a estudiar más «para poder estar muy segura de lo que hacía». Así que tras licenciarse en la Facultad de Medicina y examinarse del MIR en Pamplona, eligió la especialidad de Farmacología Clínica. Su segunda opción era Oncología.

Se especializó en Granada –«fueron unos años magníficos», recuerda–. Desde el principio estuvo vinculada a la Universidad y al hospital. Cuando tenía 27 años el primer decano de la Facultad de Medicina de Málaga, el farmacólogo Felipe Sánchez de la Cuesta, le planteó que volviera a su tierra natal y así lo hizo. Pusieron en marcha el Departamento de Farmacología y cuando abrió el Clínico desarrollaron el primer servicio de Farmacología Clínica en 1989.

Ya durante la residencia en la ciudad de la Alhambra empezó a presentar comunicaciones en congresos y en esa etapa se le despertó el gusanillo por la investigación. A raíz de su experiencia defiende que es importante que cuando un residente se incorpore a un servicio o unidad de gestión clínica «participe en las actividades de investigación porque ahí es realmente donde se puede despertar esa vocación investigadora».

«Dedico muchas horas a la investigación, tarde y noche y fines de semana», apunta Lucena, que asegura que aunque hay más fracasos que éxitos, un resultado positivo compensa con creces todos los malos momentos. Una sensación de satisfacción que apenas dura un segundo pero que es «la recompensa que te engancha para toda la vida». «Hace falta el fracaso para poder valorar lo que significa ese momento de gloria íntimo, que no se puede compartir con nadie y que no es retribuido», apunta la catedrática, que afirma con rotundidad que «nadie investiga para hacerse rico, la motivación principal es tener una mente despierta, ganas de buscar y descubrir la verdad y haber tenido unos maestros que te hayan inoculado este virus». «No investigas por ti, sino que el final de todo es mejorar la salud de la población, poder tratar mejor al paciente; esa es la recompensa intelectual y la motivación interna», defiende.

Una mirada crítica

Para Lucena la investigación «te hace tener una mirada crítica y cuestionarte el por qué de las cosas». En medicina eso hace que «se adquiera un nuevo conocimiento y eso al final repercute siempre en una mejor atención en los pacientes». Este precisamente es el principal objetivo del grupo de investigación hospitalario que dirige y coordina junto con su marido, hepatólogo, y en el que estudian la toxicidad hepática por fármacos, una línea en la que fueron pioneros en 1994 y que iniciaron después de conocer varios casos en el Clínico de pacientes que tenían problemas y «fue muy difícil hacer el diagnóstico». Ahora trabajan en la identificación de lo que hace único a un paciente en su respuesta anómala a los fármacos para detectar al sujeto que es susceptible de padecer un daño.

Este grupo ha creado una red nacional, llegando a trabajar con 56 centros, y ya ha dado frutos. En la salud pública su impacto es notorio. Cuando la relación beneficio-riesgo de un fármaco que han analizado no es favorable, la Agencia Española del Medicamento decide después de un análisis exhaustivo de la evidencia medidas reguladoras que van desde ampliar la advertencia de reacciones adversas «hasta lo más dramático que es retirar el producto del mercado».

Rigurosa en su labor asistencial e investigadora, desde julio del año pasado ocupa la dirección científica del IBIMA, al que entró como vicedirectora días después de su constitución en 2010. Potenciar la investigación hospitalaria y hacer que esa investigación se traslade de forma rápida al paciente son los principales objetivos de esta institución, que ha permitido coordinar y visibilizar los diferentes grupos de excelencia que trabajan en el área de biomedicina del Hospital Regional y del Clínico, así como en la UMA y en atención primaria. Ahora lo forman 47 grupos multidisciplinares.

Madre de tres hijos, confiesa que le habría gustado que alguno de ellos hubiera seguido sus pasos porque Medicina «es la carrera más humana».

Fuente:
Diario Sur
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